Comunidad
Lo que permanece

Hay artistas que parecen no irse nunca. Y no es porque sigan arriba de un escenario. Es porque, de alguna manera, lograron quedarse viviendo en la memoria de millones de personas.
Hace unos días volví a pensar en eso.
Por un lado, ante la muerte del Indio Solari, vi cómo una enorme cantidad de personas se emocionaban al recordar su obra. Fanáticos y no tanto. Me incluyo entre estos últimos. Nunca fui de saberme todas las canciones ni de seguir cada paso de su carrera. Pero sería imposible negar que sus letras, sus ideas y la forma en que interpretó una época dejaron una marca también en quienes lo mirábamos desde otro lugar.
Pocos días después me tocó vivir otra experiencia. Fui junto a mi hija a ver "SODA STEREO ECOS", un espectáculo que de alguna manera es un homenaje a Gustavo Cerati.
Clarita, mi hija, nació cuando él ya no estaba. Nunca pudo verlo en vivo. Nunca sintió la expectativa de esperar un disco nuevo ni la emoción de conseguir una entrada para un recital. Sin embargo, conoce sus canciones. Las escuchó en casa, en un viaje, en un momento cualquiera. Las hizo propias.
Y ahí entendí algo.
Lo importante nunca fue el formato.
No importa si el artista está arriba del escenario, si otro músico interpreta sus canciones, si las escuchamos en un viejo CD, en una plataforma digital o desde un teléfono.
Lo que verdaderamente permanece son las obras.
Las canciones. Los libros. Las películas. Las ideas. Todo aquello que alguien creó con la suficiente honestidad como para seguir encontrando nuevos destinatarios muchos años después.
Vivimos en una época obsesionada con la inmediatez. Todo parece durar apenas unas horas. Las noticias envejecen en un día. Las publicaciones desaparecen al ritmo del algoritmo. Lo urgente siempre desplaza a lo importante.
Pero el arte juega otro partido.
Una buena canción puede esperar veinte años para encontrar a quien la necesite. Un libro puede cambiarle la vida a alguien décadas después de haber sido escrito. Una película puede emocionar a quien todavía no había nacido cuando llegó al cine.
Eso es el legado.
No la fama.
No la cantidad de seguidores.
No los números.
El verdadero legado es seguir generando emociones cuando ya no hace falta estar presente.
Quizás por eso me emocionó tanto mirar a mi hija cantar canciones de alguien que nunca conoció.
Porque entendí que las mejores obras desafían al tiempo. No pertenecen a una generación. Se convierten en patrimonio de todas las que vienen después.
Y entonces pensé que tal vez esa sea una buena medida para evaluar lo que hacemos.
No preguntarnos cuánto impacto tiene hoy.
Sino cuánto de lo que hacemos será capaz de seguir hablando cuando nosotros ya no estemos para explicarlo.
Porque al final, las personas pasamos.
Las obras, cuando son verdaderas, encuentran siempre la manera de quedarse.
Pepe Yezza Ross
CHASCOMUS FUTURA
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