Comunidad
¿Quién es "la gente"?

Hay una expresión que escuchamos todos los días. En la televisión, en la radio, en las redes sociales, en una reunión de amigos o en una discusión política.
"La gente dice..."
"La gente está cansada..."
"La gente quiere..."
"La gente no aguanta más..."
A veces la frase cambia un poco.
"Todo el mundo sabe que..."
"Todos dicen..."
"No quiero generalizar, pero la gente..."
Y entonces aparece una pregunta tan simple como incómoda: ¿quién es "la gente"?
¿Es una encuesta? ¿Son cien personas? ¿Son diez? ¿Son los vecinos de una cuadra? ¿Es un comentario que escuchamos en el supermercado? ¿O, simplemente, somos nosotros mismos?
La expresión tiene una fuerza particular. Cuando alguien dice "yo pienso", está asumiendo la responsabilidad de una opinión. Pero cuando dice "la gente piensa", esa misma opinión parece adquirir un respaldo colectivo, una especie de certificado de verdad que muchas veces no tiene.
Es un recurso muy utilizado. Lo usan periodistas, dirigentes, empresarios, sindicalistas, artistas y también cualquiera de nosotros en una conversación cotidiana. Incluso figuras históricas de los medios, como Mirta Legrand, suelen introducir comentarios con un "la gente en la calle me dice...". No necesariamente hay mala intención. Muchas veces es una forma de transmitir una percepción. El problema aparece cuando esa percepción se presenta como si fuera un hecho.
Y las percepciones importan. Pero no son lo mismo que los datos.
Confundir una impresión con una realidad comprobada nos lleva a construir diagnósticos débiles. Y sobre diagnósticos débiles es muy difícil tomar buenas decisiones.
Cuando pasa esto estamos ante una de las conocidas "Falacias argumentativas". En particular estamos ante una generalización apresurada, que implica sacar una conclusión general basándose en una evidencia muy limitada o pequeña.
Esto sucede muchas veces por día en Chascomús, en la mesa de café, en la puerta de la escuela, en el gimnasio, en la mesa familiar.
Quizás haya llegado el momento de ser un poco más precisos.
En lugar de decir "la gente está preocupada por la inseguridad", podríamos decir: "En las últimas semanas escuché a tres vecinos expresar preocupación por la inseguridad."
En vez de afirmar "todo el mundo está de acuerdo", podríamos reconocer: "Hablando en una juntada con amigos, me di cuenta que piensan de esta manera."
La diferencia parece pequeña, pero cambia todo. Porque deja en claro desde dónde hablamos y evita atribuirle a una sociedad entera lo que puede ser solamente nuestro entorno o nuestra propia mirada.
Una comunidad necesita opiniones. Necesita debates. Necesita intuiciones.
Pero también necesita distinguir claramente cuándo estamos compartiendo una experiencia personal y cuándo estamos describiendo una realidad respaldada por información.
Las palabras construyen realidad. Y cuando usamos "la gente" como argumento, dejamos de describir la realidad y construímos una afirmación.
Tal vez el desafío no sea hablar menos.
Sea hablar con más precisión.
Una sociedad que valora los datos por encima de las suposiciones discute mejor, decide mejor y, sobre todo, entiende mejor.
La próxima vez que estemos por decir "la gente...", quizás valga la pena detenernos un segundo y preguntarnos:
¿Quiénes, exactamente?
Pepe Yezza Ross
CHASCOMUS FUTURA
La yapa
Recomiendo el libro "Quién es 'la gente'. Sujeto y objeto del saber cotidiano" de Osvaldo Alfredo Dallera y publicado en 1994.
También investigar sobre las falacias argumentativas, un tema interesante para tratar en las aulas, en ámbitos laborales y por qué no en la mesa familiar.
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