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El aroma de las cosas que permanecen

El desarrollo de una comunidad no se mide solamente por lo que construye, sino también por lo que es capaz de transmitir y mantener vivo.

Pepe Yezza
Pepe Yezza
20 de octubre de 2026
El aroma de las cosas que permanecen

El sábado entré a “El Cubo”, la librería que durante varios años fue de mi amiga Flor Bruno y que hoy sigue adelante en manos de su hermana Luciana.

Fui a comprar un libro para regalar por el Día de la Madre. Pero me encontré con algo que no estaba buscando: un recuerdo.

El aroma del lugar seguía siendo el mismo.

Flor diseñó aquel espacio. No solamente pensó dónde poner los libros, cómo organizar los muebles o qué identidad darle al local. También eligió un aroma. Un detalle que, quizás en su momento, parecía pequeño, pero que hoy sigue ahí, como una parte invisible de ella.

Tuve la suerte de trabajar con Flor antes de mi desembarco en la gestión pública. Compartimos una etapa de la vida, proyectos, momentos. Flor ya no está, pero está su familia, están sus afectos, está “El Cubo”. Y está ese aroma que, sin pedir permiso, me llevó de vuelta a un tiempo compartido.

¿Qué tienen los olores que pueden transportarnos tantos años atrás en apenas un instante? ¿Cómo puede algo que no vemos, que no podemos guardar en una caja, conservar tanta memoria?

Quizás porque hay cosas que no se quedan en los objetos. Se quedan en nosotros.

Y entonces pensé en la trascendencia. En esa palabra que a veces asociamos con grandes hazañas, con nombres escritos en una placa, con edificios que llevan el nombre de alguien. Pero ¿y si trascender fuera algo mucho más sencillo? ¿Y si fuera dejar algo de nosotros en los lugares que habitamos, en las personas con las que compartimos la vida, en las cosas que hacemos con amor y dedicación?

Flor pensó un aroma para su librería. Hoy, ese aroma sigue ahí.

El Cubo continúa, se transforma, tiene otra etapa y otras manos que lo sostienen. Pero algo de aquella Flor permanece. No hace falta que alguien lo explique. A veces alcanza con entrar, respirar y recordar.

Y pienso en Chascomús, nuestra ciudad.

En nuestra ciudad hay personas que, sin saberlo, están dejando aromas propios. Comerciantes que construyen algo más que un negocio. Docentes que dejan huellas que acompañan toda una vida. Trabajadores que hacen su tarea con compromiso. Emprendedores que imaginan espacios nuevos. Vecinos que sostienen clubes, bibliotecas, instituciones y proyectos que pasan de una generación a otra.

Muchas veces medimos el desarrollo de una ciudad por lo que construye, por lo que produce, por las inversiones que llegan o por las oportunidades que genera. Y está bien. Todo eso importa.

Pero también deberíamos preguntarnos qué queda de nosotros en aquello que hacemos. Qué estamos construyendo que pueda continuar cuando ya no seamos quienes lo llevan adelante. Qué valores, qué formas de trabajar, qué vínculos y qué sueños estamos transmitiendo.

Una ciudad no es solamente sus calles, sus edificios o sus plazas. También es la memoria que guarda, las historias que se cuentan, los gestos que se repiten y las personas que, aun cuando ya no están, siguen formando parte de su identidad.

Tal vez trascender no sea evitar que el tiempo pase. Tal vez sea conseguir que algo de lo que hicimos siga teniendo sentido cuando nosotros ya no estemos.

El sábado fui a comprar un libro para mí madre. Me llevé, sin saberlo, un recuerdo y una pregunta.

¿Qué aroma estamos dejando en los lugares por los que pasamos?

Ojalá que, cuando llegue el momento de mirar hacia atrás, Chascomús pueda reconocerse también en esas pequeñas cosas que alguien pensó, cuidó y compartió. En aquello que permanece, no porque el tiempo se haya detenido, sino porque hubo alguien que hizo las cosas de tal manera que valió la pena continuarlas.

Una ciudad también trasciende así: en todo aquello que sus habitantes dejan, sin saberlo, para los que vienen después.

Gracias por dejar tu aroma Flor.

Pepe Yezza

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La Yapa

Si querés conocer más de la librería “El Cubo” te comparto el IG @elcubolibrosyamor

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