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Educación, ideología y el debate sobre el adoctrinamiento

Administrador .VOZ29 de junio de 2026
Educación, ideología y el debate sobre el adoctrinamiento

Cada cierto tiempo vuelve a instalarse el debate sobre el “adoctrinamiento” en la educación. El término aparece con fuerza en medios, discursos políticos y redes sociales, generalmente asociado a contenidos vinculados a perspectivas progresistas, debates de género, derechos humanos o determinadas miradas históricas y sociales. Pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos algo esencial: ¿existe realmente una educación libre de ideología?

Tal vez el problema no sea la presencia de ideas dentro de la escuela, sino la falsa creencia de que algunas ideas son “naturales” o “neutrales”, mientras otras son automáticamente catalogadas como militancia.

Observo frecuentemente que cuando se habla de adoctrinamiento, casi siempre se apunta hacia un solo lado del mapa ideológico. Se cuestionan determinadas visiones sociales o políticas, pero rara vez se pone bajo la misma lupa a otras teorías que también responden a intereses, modelos de sociedad y concepciones del mundo. Por ejemplo, muchas ideas económicas vinculadas al mercado, la meritocracia o la reducción del rol del Estado suelen enseñarse y difundirse como si fueran verdades técnicas inevitables, cuando en realidad también son construcciones ideológicas.

Toda educación transmite valores. Siempre. Lo hace cuando enseña historia, economía, ciudadanía o incluso cuando define qué temas merecen ser debatidos y cuáles quedan afuera. Ahí también hay decisiones políticas.  También cuando forma hábitos, criterios de autoridad y maneras de interpretar la realidad.

La diferencia está en si la educación busca imponer una única mirada o estimular la capacidad crítica de los estudiantes para pensar por sí mismos.

Una escuela democrática no debería formar personas que repitan consignas —sean de izquierda, derecha o centro— sino ciudadanos capaces de preguntar, argumentar, comparar y construir pensamiento propio. El verdadero riesgo no está en que existan ideas dentro del aula. El riesgo aparece cuando se eliminan la discusión, la diversidad y la posibilidad de cuestionar.

Enseñar preguntas además de respuestas. Exponer a los estudiantes a perspectivas diversas.  Enseñar a argumentar. Reconocer que todos tenemos sesgos.  Formar ciudadanos, no seguidores.

En el siglo XXI debemos pasar de un modelo de transmisión de certezas a un modelo de construcción de pensamiento crítico.

Otra situación que observo es que los estudiantes reciben conclusiones ya elaboradas. Una alternativa a esto puede ser presentar los grandes interrogantes y las distintas respuestas que han dado diferentes corrientes de pensamiento.

Por ejemplo, en economía: ¿Qué genera el crecimiento económico? ¿Cuál debe ser el rol del Estado? ¿Cómo se distribuye la riqueza?

Y luego analizar qué responden autores liberales, socialdemócratas, keynesianos, marxistas o desarrollistas.

El objetivo no será que el alumno adopte una postura, sino que conozca varias.

Otra práctica saludable podría ser que los temas complejos se trabajen con materiales que expresen posiciones diferentes.

Por ejemplo, si se estudia desigualdad, mercado, género, desarrollo o medio ambiente, el estudiante debería poder acceder a argumentos diversos y aprender a evaluarlos.

Suelo ver que se dedica gran parte del tiempo a transmitir contenidos y menos tiempo a enseñar cómo construir argumentos sólidos.

Hice la primaria en la queridísima Escuela Municipal N°1, desde 1984 hasta 1990.  Transitando casi todo el gobierno que nos devolvió la democracia a los argentinos.  El gobierno de Raúl Alfonsín. ¡La Muni 1 era la escuela donde votaba el Presidente! Además de recordar las riquísimas comidas que preparaban las cocineras con tanto amor y los recreos largos en el Parque de los Libres del Sur, recuerdo con alegría también cuando trabajábamos sobre las noticias.  Había que llevar recortes de los diarios, nos formaban en ronda y cada uno leía su noticia, luego las analizábamos entre todos.  No recuerdo exactamente que llevaba yo, pero de algo estoy seguro, cada uno compartía noticias que se consumían en sus casas y eso era lo bueno.

Sería valioso incorporar: debates estructurados, análisis crítico de noticias, identificación de sesgos, detección de falacias, contraste de fuentes.

Pienso que estas habilidades son fundamentales hoy, en una sociedad saturada de información.

Todas las personas, sin ningún tipo de distinción, observamos la realidad desde determinados marcos culturales e ideológicos.

Reconocer esa condición humana sin dudas es más honesto que pretender una neutralidad absoluta que probablemente no existe.

En tiempos donde abundan los discursos cerrados y las simplificaciones, la misión más importante de la educación será precisamente lo contrario al adoctrinamiento: ENSEÑAR A PENSAR en lugar de ENSEÑAR QUÉ PENSAR.

Como comunidad no debemos temer al debate de ideas.  Deberíamos temer, en todo caso, a la ausencia de pensamiento crítico.

Tal vez la discusión, para una CHASCOMUS FUTURA, no debería centrarse en qué ideas pueden entrar al aula y cuáles no. La verdadera discusión es cómo garantizar que ninguna idea ingrese como verdad indiscutible.

 

La yapa

Como en cada editorial comparto alguna publicación o perfil que me parece interesante con relación al tema propuesto. 

Les comparto a María Migliore https://www.instagram.com/mariamigliore_/

Y a su vez los invito a ver, escuchar y leer esta publicación https://www.instagram.com/p/DYqCyw4BEwp/

También les dejo una cuenta muy interesante para acercarse a temas que nos interesan a todos como comunidad https://www.instagram.com/hacemospopurri/

Pepe Yezza Ross
CHASCOMUS FUTURA

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