El mundo mira nuestra laguna

Hay lugares que terminan definiendo a una comunidad. En Chascomús, para mí ese lugar es la laguna.
Está presente en los amaneceres de quienes salen a caminar, en las tardes de pesca, en el mate compartido frente al agua, en las regatas, en las puestas de sol más lindas del mundo, en las fotos que cada vecino guarda en su teléfono y en la primera imagen que mostramos cuando alguien nos pregunta cómo es nuestra ciudad.
La laguna no es solamente un paisaje. Es parte de nuestra identidad.
Quienes vivimos acá sabemos lo que significa. Sabemos cómo cambia con las estaciones, cómo se transforma con el viento, cómo el cielo parece distinto cuando se refleja sobre el agua. Sabemos de dónde vienen las tormentas más bravas, qué profundidad tiene y qué peces viven en ella. Sabemos queé aves podemos encontrar. La hemos visto desbordada y la hemos cruzado caminando. Hemos aprendido a convivir con ella y a disfrutarla como un privilegio cotidiano.
Por eso resulta emocionante descubrir que ese mismo paisaje también ocupa un lugar en uno de los museos de ciencias naturales más importantes del mundo.
En estos días un amigo, que estuvo de viaje por Nueva York, me compartió unas fotos y videos de algo que sabía que existía pero que nunca había visto.
En el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, millones de personas pueden observar un gran diorama que recrea la Laguna de Chascomús y sus aves (se puede ver en la imagen que ilustra esta editorial). Allí están sus aves, sus juncales, la inmensidad de la llanura pampeana y una escena cuidadosamente construida para mostrar cómo es este rincón de la provincia de Buenos Aires, Argentina. No representa un humedal cualquiera. Representa este lugar. El nuestro. El que elegimos para encontrarnos, para descansar, para hacer deporte o simplemente para contemplar.
No es una representación genérica de la Argentina. Es Chascomús. Con nombre y apellido.
No llegó hasta ahí por casualidad. La ciencia la reconoció como uno de los ambientes más representativos de la llanura pampeana. Su riqueza biológica, especialmente la diversidad de aves, la convirtió en un escenario ideal para mostrar al mundo uno de los grandes ecosistemas de Sudamérica. Esos paisajes habían sido inmortalizados por William Henry Hudson, el naturalista y escritor nacido en la provincia de Buenos Aires que enseñó al mundo a mirar la naturaleza con otros ojos.
A veces nos acostumbramos a verla. Quizá a veces dejamos de preguntarnos por qué es valiosa. Cada tanto olvidamos que aquello que forma parte de nuestra rutina puede ser extraordinario para quien lo observa desde otra parte del mundo.
Hay algo profundamente valioso en esto. Lo que para nosotros es parte de la vida diaria también merece un lugar entre las grandes colecciones científicas del mundo. Es una confirmación de que el orgullo que sentimos por nuestra laguna no nace solamente del afecto. También tiene un reconocimiento internacional construido sobre su valor ambiental, científico y cultural.
En una época en la que muchas ciudades buscan aquello que las hace diferentes, Chascomús ya tiene una respuesta. Tiene un paisaje que la identifica, una biodiversidad que la distingue y una historia que trasciende sus propios límites.
Quizás por eso vale la pena volver a mirar la laguna, no como quien descubre algo nuevo, sino como quien redescubre aquello que siempre estuvo allí. Con la tranquilidad de saber que el mismo paisaje que acompaña nuestra vida de todos los días también despierta admiración a miles de kilómetros de distancia.
A veces pensamos que lo extraordinario está lejos. Sin embargo, en Chascomús ocurre algo diferente: lo extraordinario está donde siempre estuvo. Frente a nosotros. En el agua, en las aves, en el horizonte, en las puestas de sol, en su gente. En las cosas que somos capaces de hacer cuando tiramos para el mismo lado.
Y desde hace décadas, en una sala de un museo de Nueva York, el mundo recuerda que algunos de los paisajes más valiosos no son necesariamente los más famosos, sino aquellos capaces de representar la belleza de un territorio.
Quizás esa sea una de las enseñanzas más importantes de esta historia. El valor de un territorio no siempre depende de su tamaño ni de la cantidad de habitantes que tenga. Depende de aquello que lo hace único. Y pocas ciudades tienen el privilegio de contar con un paisaje que fue elegido para representar a toda una región natural ante millones de visitantes.
¡Sigamos disfrutándola y cuidémosla mucho!
Pepe Yezza Ross
.VOZ
La Yapa
Dejo por acá la transcripción del letrero que se encuentra describiendo el diorama en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York:
“Lago Chascomús, cerca de Buenos Aires, Argentina.”
“Los pastizales y humedales que caracterizan a las pampas son hogar para una gran variedad de aves. Se reproducen durante el verano austral, de octubre a marzo. Algunas especies insectívoras, como el Tirano de Anteojos (Spectacled Tyrant) y la Tijereta (Fork-tailed Flycatcher), migran hacia el norte, a regiones más cálidas, una vez finalizada la temporada de nidificación. Alrededor de 20 especies de playeros y chorlitos norteamericanos, entre ellas el Pitotoy Grande (Greater Yellowlegs), el Pitotoy Chico (Lesser Yellowlegs) y el Playerito Pectoral (Pectoral Sandpiper), que se muestran aquí, migran hacia el sur para pasar el invierno del hemisferio norte en las pampas.”
“Cerca de la laguna de Chascomús se encontraba la estancia donde William Henry Hudson, naturalista y escritor inglés de comienzos del siglo XX, pasó su infancia. Allí todavía pueden encontrarse el Flamenco Chileno, el Cisne de Cuello Negro y el Chajá del Sur (Southern Screamer), llamado por Hudson "ese ave centinela de voz de clarín de la noche".
Ubicación del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York https://maps.app.goo.gl/dA7QDjRmFCRxescJ7